Galletas de manzana con canela, ¡listas!, leche fría, ¡lista!, tiempo de sobra… ¡listo!, música, ¡siempre!… ahora si.
¿Realmente es tormentosa la condición del clima? las corrientes de viento fuertes que derriban espectaculares; el frío que penetra el suéter y hace perder la noción de nuestros débiles dedos; las lluvias que le quitan sus preciadas joyas a los cerros; ¡y toda la conmoción que se genera!, si que altera el estado de ánimo…
Y ahora, con las manos frías sobre el teclado y mi paladar satisfecho por aquellas construcciones culinarias de harto sabor, me dispongo a discurrir pensamientos, y no cualquier clase de pensamientos, sino pensamientos… de… ¡otoño!
Dicen que otoño es una temporada fascinante, llena de cosas que caen libremente por el espacio, sacudidas por los vientos. ¿Quizá una loca metáfora de la vida? ya saben, uno navega por su rumbo, tambaleandoce de lado a otro con los vientos y evadiendo obstáculos que se atrevan a asomar su masa por nuestro camino, aunque claro, desafortunadamente muchos chocan… y así hace la hoja al caer.
Y no solo hojas caen, también gotas de lluvia. Y esas gotas, ¿qué pueden representar? ¿la esencia de la vida?… que trillado, aunque más interesante que la interpretación de otros… ángeles que orinan… ¡qué payasada!. La lluvia llamémosla por lo que es, un espectáculo de gotas y luces, aunque no toque mucho esa clase de fenómeno por estas latitudes… quiero ver relámpagos.
El anochecer llega temprano. Decide aparecer en las horas medias de la tarde, como si se desesperara por salir a escena, y todo esto sin tropiezo. Siempre puntual. El sol es intimidado por la luna… dicen que la distancia y las perspectivas son verdaderas herramientas para el engaño. Y no es que deteste la noche, pues esta es verdaderamente maravillosa, pero el calor del sol es tierno y amigable y merece un espacio más cómodo en el cielo, porque como todos saben, las presiones del tiempo son las peores.
¡Y sin presiones de esas vivo en estos momentos!, al menos en las tardes. Las mañanas siguen siendo un esfuerzo por cuestiones laborales, pero de esas hay que olvidarnos por ahora. La tarde esta repleta de momentos que aprovechar, como si cada hora tuviera una diferente carta de la cual escoger. Claro, no es que tenga muchas opciones, pero es mejor cuatro de ellas a una o dos.
El invierno se asoma y los ánimos crecen, no por la temporada navideña exclusivamente, sino por la hermosa temporada. El ambiente es ejemplo de perfección (aunque, lamentablemente, los últimos me han decepcionado) , y todo se vuelve más sereno. ¡Puedo esperar!, pero tendré mis brazos abiertos para cuando decida visitar. y si tan solo nevara por aquí, que feliz sería.
En fin, todo se alenta para recibir con atención la mejor de las temporadas. ¡Y tiempo de pensar en un cuento!, y de aprender a hacer pan, y de tirarse a leer y aprender a volar, porque dicen que aunque tome una vida entera y realmente no haya un caso registrado de humanos voladores, es posible.

